20 abr. 2013

420 la rueda de la vida

"Estoy en un puto convento" me escuché a mí mismo decirle a un montón de gente jugando cartas afuera de la capilla. Me miraron con la cara en blanco y supe que era el único que no lo sabía aún. Al siguiente día desayunamos en un comedor común y fuimos instruidos a no molestar a las monjas que andarían alrededor porque se encuentran en algo a lo que el tipo del taller se refirió como "estado reflexivo".

El lugar estaba lleno de naturaleza propiamente arreglada. Un pequeño río marcaba la división entre la casa de retiro y el lugar donde las monjas vivían. Fui al puente que comunica ambos lados y ví a una de ellas caminando pacíficamente, viéndose de hecho bastante reflexiva. Cuando anocheció me perdí de Luis y del grupo y me fui a la esquina más lejana del gran campo. Me senté en las raíces de un árbol mientras me fumaba un cigarrillo y volví hacia el cielo, grandes nubes grises aún eran visibles tras la silueta de un millón de hojas. Me paré y abracé al árbol todo el tiempo que pude hasta que ví a Luis acercándose y me senté con él en una banca cerca.

Ese día proyectaron una película en el salón común sobre la guerra civil en El Salvador llamada "Voces Inocentes" que cuenta la historia de un niño apodado Chava. Lloré toda la película de inicio a fin y luego salí a fumar un cigarrillo con Luis y el tipo del taller pero no sabía exactamente qué decirles.

La última noche en el convento Luis y yo fumamos marihuana en la banca por la esquina del campo. Cuando comenzó a llover nos movimos a una choza y nos sentamos en dos sillas de cara al inmenso jardín, ambos en silencio.
Luego de un rato de estar bajo los efectos del tetrahidrocanabinol me volví hacia Luis.
-Creo que sé qué es lo que está mal conmigo.
-Qué es? -contestó.
Lo miré seriamente y luego volví hacia el aire frente a nosotros, y él también. Escuchó todo el tiempo sin interrumpirme.

"Leí una vez sobre este templo en Veliko Turnovo, Bulgaria, llamado la Iglesia de Preobrazenski también conocido como el Monasterio de la Transfiguración del Señor. He visto imágenes del lugar. Afuera hay una banca verde de madera y arriba de la banca en la pared hay un fresco ya gastado del famoso artista barbudo Zahari Zograf, llamado La Rueda de la Vida. En medio hay una mujer embarazada sosteniendo una copa. Un anillo exterior dividido en cuatro muestra cuatro diferentes actividades: Tocar música, trabajar en un campo, esgrimar una espada y sentarse frente a un fuego. El siguiente anillo muestra siete etapas en la vida de un hombre, cada una etiquetada con un número: un niño pequeño, 4; un adolescente, 14; un hombre joven, 21. Arriba donde iría la hora doce si esto fuera un reloj, hay un hombre con una corona sosteniendo una bolsa y un cetro. Sus brazos se extienden con intención, usa ropa elaborada y joyería y el número mostrando su edad es 30. A su lado hay un tipo descansando, 48; y luego uno barbudo cayendo, 56. Al final hay un hombre viejo que parece estar descansando, etiquetado con 70. Abajo de todo esto hay dos ángeles sosteniendo una cuerda que sube de un lado alrededor del círculo y luego baja del otro como si estuvieran haciéndola girar. Entre los ángeles hay una figura masculina delgada y pálida sin cara sosteniendo una oz, su hoja entrando a la rueda arriba peligrosamente cerca del cuello del hombre de 70 años. Esta figura está parada en una especie de caja de la cual sale la cabeza de un monstruo reptil, engullendo a una persona.
La rueda de mi vida no tiene ángeles que la hagan girar. Sus anillos no están fijados uno al otro, giran a gran velocidad independientemente, hacia adelante y hacia atrás. Hay una muerte abajo pero su oz no está cerca del cuello del viejo, sino que todos los estados de mí giran constantemente cerca de ella como un juego de ruleta rusa. Yo sólo espero."

Instantáneamente me arrepentí de haberle dicho eso a Luis, porque sabía que nunca podría decírselo a ninguna otra persona de nuevo.


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